BUJIN DIVINO GUERRRO, por Toshitsu Takamatsu

SHINDEN SHURA ROPPO

Viviendo a través de las tres eras de Meiji, Taisho y Showa… por Toshitsugu Takamatsu 27 Gran Maestro de Kuki Happo Hiken Jutsu.

78 SEISO (78 AÑOS DE EDAD)

Cumpliré 78 años este año (1966). No es que no sepa mi edad ni que me olvide de contarla, lo que ocurre es que no quería saber lo viejo que era. Supe, de todos modos, que nací en 1888, por eso simplemente se que debo tener 78 años, por un mero cálculo. Ya que no me he mirado al espejo durante los últimos 30 años, ni siquiera sé como me veo. Si alguna vez me echara un vistazo en el espejo, éste me respondería: ¿Quién eres tú?. ¡Pero estoy sano como una manzana!. Mientras que a una persona normal le lleva una hora caminar cuatro largos kilómetros, yo camino esa distancia en 30 minutos. He convertido en hábito el ir a la cama a las nueve en punto de la noche. Un gato «siamés», llamado Jiro, que me dio Mr. Ichiro Kobe a través del Dr. Masaaki Hatsumi, el cual reside actualmente en China, duerme junto a mí usualmente. Me levanto a la 6.30 de la mañana y hago Reisui Masatsu (fregar el cuerpo con una toalla empapada en agua fría), un ritual que nunca he olvidado desde los últimos 40 años. Gracias a esto, nunca he caído enfermo. Me encanta dibujar y pintar, a pesar de saber que no soy bueno en ello por naturaleza, todavía disfruto pintando.
EL NIÑO LLORÓN

Ellos me llamaban «llorón» cuando era pequeño. Mis compañeros de clase me hacían ponerme en el suelo apoyado en las rodillas y las manos y me montaban como a un caballo, azotando tan fuerte mis caderas que lloraba mucho. Fui separado de mi verdadera madre antes de cumplir un años y criado por nueve diferentes madres adoptivas hasta que alcancé los 20 años. Como mi padre era un «así llamado» empresario (no era una buena connotación en Japón en aquel tiempo), cambiaba de negocios todo el tiempo. Empezó como contratista para la Sanyo Railroad en Kobe City, luego dirigió una fábrica de fósforos en Akashi City y emprendió muchos otros negocios después de éste. Como cambiaban sus negocios lo hacían su esposas. Debido a esto tuve nueve diferentes madres, que pudieron haber sido la mayor causa de que fuera un niño llorón.
INICIACIÓN EN EL TODA DOJO

Toda Shinryuken regentaba un Budo Dojo y una clínica de traumatología en Kobe City. Era un budoka (maestro de las artes marciales) de Iga y me enseñó Shinden Fudo Ryu en su Dojo. Como Toda Sensei era pariente nuestro, mi padre consultó con él sobre mi futuro cuando tenía 9 años.

«Quiero que mi hijo sea militar pero es muy tímido y los otros le llaman «llorón». ¿Tienes alguna sugerencia?»

«La práctica del Budo será lo mejor. La estricta disciplina lo hará fuerte y valiente».

Mi padre me ordenó, enérgicamente, ir al Dojo cada día después de la escuela. Yo estaba totalmente desorientado sin saber que hacer y lloraba más incluso. Desde entonces fui al Dojo sintiéndome como un cordero llevado al matadero. Usualmente, un ayudante del maestro enseñaba a los principiantes alguna de las técnicas, pero en mi caso Toda Sensei me enseñaba directamente, y sus lecciones eran algo fuera de lo normal. Normalmente, se enseña un kata primero, una técnica para tirar y ser tirado, siguiendo cierta práctica por parejas, pero Toda Sensei me tiraba simplemente, con nueve años, de derecha a izquierda, sin tener en cuenta ningún plan de enseñanza. Incluso cuando mis piernas estaban desechas y mis codos comenzaban a sangrar, él no paraba ni bajaba el ritmo.

«No volveré por nada mañana. ¡No me importa lo que pase!».

Así fui a casa, rencorosamente mirando al Dojo y limpiando la sangre de mis pies y manos, pero nadie en casa me consoló. Tras un buen descanso nocturno se me quitaron todos los dolores del Dojo… continué yendo. Era sólo un niño con una corta memoria. Por la mañana ya había olvidado todas las agonías pasadas en el Dojo. Sólo después de un año completo de ser proyectado, Toda Sensei hizo que comenzara una lección normal de Waza (técnicas).
FINAL DEL NIÑO LLORÓN

A los 10 años de edad, nuestro profesor del colegio público nos hizo estudiantes luchadores de Sumo. Yo estaba oculto detrás de los otros cuando el profesor gritó mi nombre.

«Takamatsu, inténtalo».

Tímidamente pisé sobre el Dohyo (ring de lucha de Sumo) y automáticamente comencé a tirar oponentes sin ninguna intención de derrotarlos. No fue problema para mí tirar 8 ó 9 oponentes fuera del Dohyo.

«Yo, ¡Qué fuerte!».

Tras esto todo el mundo me trató con admiración y pensé: «Bien, ellos son todos muy débiles y flojos y no tengo nada que temer».

De repente me sentí tan seguro que renuncié por completo al título de «llorón».

Compartido por el Daishihan Pedro Fleitas, 26 de abril de 2012.

Mi título contenido de la página