Acerca de Kintaro

Cuenta la leyenda que Kintaro nació en una humilde casa situada en lo más profundo de las lejanas montañas de Ashigara, durante el mes de mayo (1). Dicen que desde pequeño, ya destacaba por su fuerza extraordinaria y su barriga característica. De tal modo que aunque la madre quiso hacerle un obi para que se sujetase su ropa, al poco tiempo desistió de ello porque el cuerpo de Kintaro se hacía más fuerte y más grande cada día. El muchacho ayudaba afanosamente las tareas del campo y siempre se mostraba alegre y enérgico.

La leyenda afirma que acostumbrado a la vida en aquellas montañas, rodeado de bosques y naturaleza, el muchacho jugaba y se divertía con los animales y se entendía con ellos, sin dificultades. El jabalí, el mono, el ciervo y el conejo solían ser sus compañeros más habituales en aquellos juegos de fuerza con los que se divertían para comprobar quién el más fuerte de todos, pero siempre ganaba Kintaro. En una ocasión, el conejo le dijo que a pesar de su fortaleza maravillosa, no podría derrotar al oso, con el que nunca había luchado y permanecía alejado en su guarida. Sin pensárselo, Kintaro se
dirigió en busca de aquel formidable animal para plantearle el reto.

(Otra versión afirma que cuando Kintaro vio a sus amigos heridos por el oso, decidió ir a la guarida del aquel terrible animal para vengarlos).

Seguido de sus amigos, Kintaro llegó a la guarida del oso y le comunicó su deseo de luchar contra él para demostrar quién era más fuerte. Aquel enorme animal se echó a reír y decidió que daría una lección a aquel muchacho tan atrevido. Tras un terrible forcejeo entre ambos rivales, Kintaro volteó al oso y lo lanzó a varios metros de distancia.  El oso sorprendido con lo sucedido, reconoció su derrota y decidió formar parte del grupo de nuevos amigos. Entre el alborozo y la alegría de todos, decidieron ir a coger castañas.

1. Nota del traductor. Eso explica que en mayo se saque el muñeco de Kintaro en las casas donde hay un hijo varón, para que crezca sano y fuerte como el héroe.

En ese momento, el oso dijo que Kintaro debía montarse sobre sus espaldas (2) y que él lo llevaría a dónde fuera. Entre el jolgorio y las risas, llegaron al precipicio donde estaba el puente que los permitiría cruzar al otro lado de la montaña pero, una tormenta había destrozado la construcción y resultaba imposible avanzar.

El amigo oso intentó mover un enorme tronco que podría servirles de puente pero el viejo árbol caido, no se movía ni un ápice a pesar de los fuertes empujones de aquel animal. Kintaro se acercó a su amigo oso y tras un breve esfuerzo, con ambas manos levantó el pesado tronco y lo colocó en lugar del viejo puente, ante la sorpresa y alegría del grupo. De este modo, todos pudieron comprobar, de nuevo, que Kintaro no sólo era el más fuerte sino que además, usaba su fuerza para ayudar a los que le necesitaban.

La leyenda de Kintaro sigue y afirma que un famoso samurai, Miyamoto no Yorimitsu, lo hizo llamar para que formara parte de su séquito. La madre se alegró de tan maravillosa noticia y entre lágrimas y felicitaciones, se despidió de ella y de todos sus amigos. Posteriormente, cambió de nombre, se convirtió en Sakata Kintoki y siguió haciendo hazañas maravillosas, pero eso es otra historia y necesitaría muchas más páginas.

Con admiración y respeto, para mi estimado amigo Jorge Frías, a quien el maestro Hatsumi Masaaki llama cariñosamente, “Kintaro”.

Un fuerte abrazo

Arsenio Sanz Rivera

2. Nota del traductor. Una de las imágenes más populares de Kintaro es montado sobre el oso que avanza a cuatro patas y seguido de otros animales.

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