Por Masaaki Hatsumi

En los últimos años del Shogunato en que se vio inmerso Japón, poco antes de la época Meiji, sucedieron no pocos asesinatos cuya pieza clave para el éxito fue el factor sexual. Cabe destacar al comandante Serizawa Kamo quien fue asesinado por su debilidad con las mujeres. Se dice que su amante Oume y él estuvieron bebiendo y divirtiéndose en la
habitación hasta que el cansancio le dejó dormido. A una señal de ella, los camaradas de Kamo entraron violentamente en la habitacion. Oume le degolló lentamente sin dejarle mas que una delgada capa de piel detrás del cuello que sujetaba la cabeza colgando y acto seguido, los hombres que habían entrado en la sala, le amputaron los brazos por los hombros dejando a su
comandante en un mar de sangre.

Un famoso maestro del sable, el gran Ito, fundador de la escuela «ittoryu». También era conocido por su afición a las mujeres y el alcohol. Dicen que seducido por una hermosa mujer, se dejó llevar hasta la cama que ésta le ofrecía. Levantó el mosquitero que rodeaba el lecho y se metió dentro con ella… Una vez dormido, la mujer que formaba parte de un plan para asesinar a Ito, levantaba poco a poco el mosquitero a modo de señal para sus cómplices. La noche tenía luna llena y tras los destellos de luz que se reflejaban en los ligeros movimientos de la fina seda del mosquitero, Ito abrió ligeramente los ojos. Una sensación de mal augurio le invadió de inmediato. Sintió los deseos asesinos de la amante y sin dudarlo se dejó caer rodando hacia la sombra que ofrecía la luna en la triste estancia. Sus manos desesperadas intentaban alcanzar su espada, pero la mujer más astuta que él la había escondido previamente. Desesperadamente miró a su alrededor y para su fortuna tuvo tiempo de ver cómo el enemigo se le lanzaba con la espada en alto. Un rápido movimiento le salvó la vida por instantes. De nuevo de pie, se miró y se sintió ridículo. Desnudo y desarmado, era más vulnerable que nunca frente a su enemigo que le esperaba en las sombras del mismo cuarto. Allí no había ni dios ni nadie que por él luchara. De inmediato el enemigo se lanza desde el rincón en un ataque rapidísimo con la espada por encima de su cabeza. En un acto reflejo, Ito esquiva el corte mortal y siguiendo la trayectoria inicial del arma, la sujeta y empuja de arriba a abajo y hacia dentro, cortando al enemigo que cae muerto a sus pies.

Haciendo una pausa en el relato, recuerdo que un conocido del maestro Takamatsu, a la vuelta de acostumbrado baño en el local público encontró a un amigo que casualmente pasaba por allí. El amigo se le acercó y le propuso ir a tomar juntos un trago. Después de un buen baño de agua caliente es lo que mejor sienta. Este hombre aceptó la invitación y departiendo alegremente se dirigían a tomar algo cuando al doblar la esquina, ¡zas! Un tipo que ambos desconocían y se hallaba esperando le abrió el estómago de un costado al otro. El amigo que vio aquéllo, se lanzó instintivamente contra el asesino y le propinó un fuerte puñetazo. Cuando hizo ademán de acercarse y pedirle explicaciones, sintió un fuerte dolor en el vientre. Para su sorpresa, él también estaba herido, al poco rato sus tripas le colgaban llegando a arrastrarse hasta el suelo. Mientras el asesino ya había desaparecido. Este segundo hombre herido se sentó en el suelo y recogiendo cuidadosamente sus vísceras las introdujo limpias en su cavidad al mismo tiempo que pedía auxilio. Afortunadamente alguien oyó sus gritos y pudo salvar la vida. Recuerdo que el maestro Takamatsu decía: «si alguna vez te vacian las tripas, mételas dentro, aprieta y no te muevas, espera a la ambulancia y todo se arreglará» Después de oirle este relato creo entender su convicción.

Publicado por Seigan Ediciones – Daishihan Pedro Fleitas, 21 de abril de 2012.

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